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Llega el Domingo Mundial de las Misiones

Este tercer domingo de octubre se celebra la Jornada Mundial de las Misiones en todo el mundo, la cual lleva por lema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”. Es un año de especial importancia para la actividad misionera en la Iglesia, pues se conmemora el centenario de la promulgación de la carta apostólica Maximum illud del papa Benedicto XV a fin de dar a entender que el impulso misionero en la Iglesia es aquello a lo que está llamada ayer y hoy.

En las palabras del Papa Francisco contenidas en su mensaje, deja entrever que la misión no es únicamente responsabilidad de los misioneros, sino de todos los bautizados:

La celebración de este mes nos ayudará en primer lugar a volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo. Nuestra pertenencia filial a Dios no es un acto individual sino eclesial: la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es fuente de una vida nueva junto a tantos otros hermanos y hermanas. Y esta vida divina no es un producto para vender —nosotros no hacemos proselitismo— sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión. Gratuitamente hemos recibido este don y gratuitamente lo compartimos (cf. Mt 10,8), sin excluir a nadie. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y a la experiencia de su misericordia, por medio de la Iglesia, sacramento universal de salvación (cf. 1 Tm 2,4; 3,15; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 48).

La Iglesia es parte activa en el proceso evangelizador: no es simple sujeto de salvación divina sino también objeto a través de la cual esta llega a todos los pueblos. El bautismo que recibimos en ella no es solo un don que nos incorpora a Cristo, sino que al mismo tiempo es un mandato, ya que en la fe de cada bautizado reside la bendición salvífica de Dios que desea extenderse a todos los hombres.

Esto en cierto modo es lo que han tenido en mente las Obras Misionales Pontificias desde su fundación, constituyéndose en una red mundial al servicio del Santo Padre para sostener la misión y a las Iglesias jóvenes con la oración y la caridad. A través de la colecta de este domingo, comunicamos los bienes de los que somos partícipes a aquellos que más lo necesitan, de tal modo que nos ocurre algo similar a lo acontecido en la primitiva comunidad de Jerusalén: “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos.” (Hch 4, 32).

Pero no es solo a través de los bienes como podemos ayudar, sino sobre todo mediante nuestra oración y compromiso diario, teniendo en cuenta que el misionero nunca trabaja individualmente, sino que posee detrás todo el apoyo de la comunidad cristiana de la cual nosotros somos partícipes.

 
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