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Día del Seminario 2021

Mañana, solemnidad de San José, se celebra el Día del Seminario. Este año bajo el lema, «Padre y hermano, como san José».

El objetivo de esta jornada es reflejar la figura de San José, en los sacerdotes, en un año en el que, si cabe, este santo ha tomado un mayor protagonismo tras declarar el Papa el Año de San José.

Carta Pastoral del Día del Seminario de nuestro arzobispo D. Julián Barrio Barrio:

“Padre y hermano como San José”

Queridos diocesanos:

Este año el Papa lo ha dedicado a San José. De manera especial su solemnidad ha de tener un eco significativo en nuestra celebración como también al venerarlo como Patrono de la Iglesia y de los Seminarios, taller de formación para los futuros sacerdotes. El lema propuesto para esta Jornada es “Padre y hermano como San José”, pensando que los futuros presbíteros han de prepararse para vivir la paternidad apostólica y la fraternidad sacerdotal en el ministerio, acompañando a las personas que el Señor ponga en su camino.

La paternidad apostólica de San José

Siguiendo la Carta apostólica del Papa Francisco Patris corde se hace referencia a San José como padre amado como así lo muestra la tradición de la Iglesia, padre en la ternura pues “por la angustia de San José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto” ya que “tener fe en Dios incluye además que Él puede actuar a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad”. Define el Papa a San José como padre en la obediencia y en la acogida; padre de la valentía creativa y trabajador; padre en la sombra pues siempre que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto modo ejercita la paternidad sobre él no como un ejercicio de posesión sino evocando la paternidad de Dios Padre. La familia de Nazaret vivía en comunión. Son claves para considerar el ejercicio del ministerio sacerdotal en el proceso formativo del seminarista, recordándonos las palabra de San Pedro: “Pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa, no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño” (1Pe 5, 2-3). La vida de San José se convirtió en una paternidad apostólica con una vida entregada a Dios y a los hermanos. Podemos decir que fue “una vida escondida con Cristo en Dios” (Col 3,3) y “el que sirve así a Cristo es grato a Dios, y acepto a los hombres” (Rom 14,18).

La fraternidad en la misión

Este estilo de paternidad conlleva la vivencia de la fraternidad al tomar conciencia de que somos hijos de Dios y hermanos los unos de los otros sin excluir a ninguno y sin límites geográficos recordando la palabras de Jesús: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,44-45). El sacerdote, “escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios; para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados porque también él está sujeto a debilidad” (Heb 5, 1-2). No está apartado de los hombres, no ha caído del cielo ni es un extraño sino al contrario está llamado a vivir la fraternidad con todos, ofreciéndoles la riqueza del ministerio que ha recibido. Cuando administra el sacramento de la penitencia, él mismo se siente necesitado de este sacramento. La fraternidad en el ejercicio del ministerio sacerdotal se hace universal. “Es preciso hacernos hermanos de los hombres si queremos ser sus pastores, padres y maestros. Siendo padres y maestros juntamente con todos los fieles somos discípulos del Señor, hermanos entre los hermanos”. La existencia del presbítero se define como un servicio, como “un don para los hombres” en relación con lo absoluto, con lo eterno, con Dios. El presbítero no sólo está al frente de la Iglesia sino ante todo en la Iglesia.

Exhortación final

Recemos constantemente por los llamados al sacerdocio. Y dentro de nuestras posibilidades colaboremos económicamente para que nuestros Seminarios Mayor y Menor tengan los medios necesarios y adecuados para ofrecer la mejor formación humana, intelectual, espiritual, comunitaria y pastoral a quienes se preparan para recibir el ministerio sacerdotal. Los ponemos bajo el patrocinio del Apóstol Santiago, de San José y de María, Reina de los Apóstoles.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.